¿Será posible curar a una persona con el sólo acto de tocarla? ¿Cuántas veces vamos al médico por dolores de espalda, torceduras y músculos fuera de sitio y éste nos manda a hacernos miles de cosas que al final no dan resultado? ¿Cuánto dinero hemos gastado por citas con el doctor, pastillas o sacando placas? Si te dijera que existe alguien que puede curar tus dolores y que aparte de eso no cobra, ¿irías?
Don Felipe Ramírez, mejor conocido como “Pipe”, tiene la habilidad o como el mismo llama “un don que Dios le dio” de curar a las personas con tocar y masajear el área afectada. Con 78 años de edad, Don Felipe tiene casi un centro médico en su casa en Arecibo. Es allí donde decenas de personas de todas partes de Puerto Rico y de distintos niveles económicos se dan cita para que alivie sus dolores.
Aunque su vida ha sido muy sencilla, su historia y en lo que se ha convertido es algo extraordinario. Todo comenzó cuando a los 10 años le arregló la pierna a un amigo. El niño tenía la pierna dislocada y él con tocarla y hacer los movimientos correctos, se la arregló. De ahí en adelante siguió ejerciendo el oficio. Pipe decía, “si curé a alguien una vez, lo puedo hacer dos veces”. Así fue que aún siendo un niño, aprendió y entendió que él tenía el poder de aliviarles los dolores a los demás. Su padre también tenía este don y fue por él que lo heredó y lo aprendió.
Nunca estudió medicina y sólo llegó a segundo grado de escuela elemental. Todo lo que sabe dice se lo debe a la experiencia, “la práctica lleva a la perfección”. Pipe explicó que cuando está con un paciente se concentra en lo que está haciendo. Dice que Dios es quien lo guía y hace que él toque y conozca lo que tiene la persona. “Lo siento en mis dedos”, comentó. Es sorprendente ver como una persona “analfabeta”, como él mismo se hizo llamar, ha adquirido un conocimiento tan grande y ha podido ser de ayuda a tantas personas.
Su especialidad son los tendones y los nervios. Cuando alguien viene y él piensa que tienen algún hueso roto los envía a sacarse placas primero, para no afectar o agravar la lesión. Un dato curioso es que muchas veces son los mismos médicos, quienes les envían sus pacientes, porque han agotado sus recursos y no han logrado aliviarlos.
Don Pipe describe su trabajo como un milagro. Milagro es el hecho de que alguien pueda sanar con las manos, pero más sorprendente es estar presente cuando lo hace y presenciar la realidad de algo que muchas personas, incluyéndome, quizás no creerían. Juan Cortés, quien tenía una bota inmovilizadora en su pie derecho, paró en casa de Don Felipe para pedir una dirección. Ese día Pipe no trabajaba, pero a pesar de eso le pidió a Juan que le explicara que le había pasado. Juan le dijo que luego de una operación en el menisco y no poder hacer fuerza en su rodilla, puso todo el peso de su cuerpo en el pie derecho provocándole una hinchazón y mucho dolor en el tobillo. Don Pipe le respondió que seguramente se debía a que tenía el tendón fuera de sitio y le pidió permiso para ver el tobillo. Juan se quitó la bota y Pipe comenzó a examinar el tobillo con sus dedos índice y pulgar y dijo, “eso mismo es, tienes el tendón fuera de sitio”. “Vas a escuchar un “clack” y ya está”, agregó. Se escucharon dos “clack” y listo; Juan comenzó a caminar como si nada hubiera pasado. Se sentía muy impresionado ya que después de varios días con dolor y sin poder caminar bien, Pipe no sólo le quitó el dolor en un instante; sino que lo hizo desinteresadamente motivado por el deseo de ayudar a otro. También se sentía muy agradecido, al igual que tantos otros que han acudido en su ayuda.
Un dato curioso es que muchas veces son los mismos médicos, quienes les envían sus pacientes, porque han agotado sus recursos y no han logrado aliviarlos.
Pero ese ejemplo realmente no significa nada si lo comparamos con el de un paramédico quien fue llevado a casa de Felipe en una ambulancia. Él tenía el nervio ciático pinchado con el disco L5, lo que provocaba que no pudiera caminar. Lo acostaron en la camilla, Pipe le tocó su espalda y cuando terminó, le dijo: “ya te puedes parar”. El paramédico se levantó y le ripostó a sus compañeros “ya se pueden llevar la camilla”. Es increíble como no existen imposibles para Pipe, y como sólo con sus dedos puede hacer maravillas.
Entre los famosos que han ido en busca de su ayuda, se encuentra el pelotero puertorriqueño Igor González. Papa Pipe, como cariñosamente le dice Igor, le ha aliviado dolores a este deportista, muchos de los cuales le han servido para un mejor desempeño en su juego. Igor le está tan agradecido que una vez lo llamó y le preguntó, “¿cómo voy a pagarte, Papa Pipe?”. Pipe le contestó, “yo no sé, porque yo no cobro”. La semana después, a Don Felipe le llegó un bate que le habían obsequiado a Igor cuando éste fue el jugador más valioso de la Liga Americana. “Aún lo tengo guardado” dijo Pipe.
Sus servicios son gratis. El acepta lo que le den y ese dinero que recibe lo utiliza para comprar algunos materiales de primera necesidad. “Vivo tan satisfecho de ayudar a la gente”, dijo con una sonrisa impregnada en su rostro, “yo creo que somos únicos”.