El maravilloso mundo de Perez Hilton
por Janice M. Mejías Avilés
En aquel salón de redacción había aproximadamente treinta computadoras. Las del lado izquierdo –o derecho, dependiendo de la localización geográfica– estaban poseídas usualmente por un malévolo espíritu, motivado por el deseo de hacerles la vida imposible a los redactores. Había sido especulado, también, que se encontraban de huelga, probablemente desde la llegada de las posmodernas Macs al salón contiguo. Nos sentábamos entonces –todas chicas, menos el muchacho del fedora– en los ordenadores del lado izquierdo, bajando Mozilla Firefox, clandestinamente, porque al parecer el técnico estaba en contra de esa práctica. Abríamos el browser con anticipación, con una alegría inconmensurable e inexplicable, ya que todos tenemos Internet en nuestros hogares. Quizás el prospecto de dilatar esa clase servía de justificación. El distintivo sonido de los dedos romanceando al teclado me sacaba del trance. Miraba lo que hacían mis compañeros; todos en Endi.com, al son de disimulo, mientras en otro tab se vislumbraba la realidad y la diversión: PerezHilton.com
Una ojeada rápida a la página y de nuevo a la mesa de redacción; esa era nuestra rutina. Al principio, era difícil de entender qué de mágico tenía aquel blog extremadamente rosado, propiedad de Mario Armando Lavandeira Jr., un cubano-americano quien bajo el seudónimo de Perez Hilton se dedica a hacer y deshacer con los “personajes” de Hollywood. En sus posts difunde rumores, promociona los artistas o eventos que considera importantes, critica subjetivamente a aquellos que detesta y no deja de posicionarse como la figura primordial de todos los relatos, ya sea incluyendo su opinión, modificando las fotos con captions o dedicándose extensivas entradas a sí mismo. Le pregunté a una compañera qué era lo que nos fascinaba tanto de él, y luego de pensar un rato, contestó cándidamente: “Perez es nuestro pequeño gran héroe: un nobody que se infiltró entre los que hicimos “poderosos”, fastidiándolos, y haciéndolos sentir mal, en aras de hacernos sentir bien sobre nosotros mismos”.
Es penoso aceptar que el contenido es adictivo, pero al parecer, no fuimos los únicos en brindarle algún tipo de importancia. Cuando descubrimos que las noticias que publicaba Perez salían a los dos días en el diario principal del País, entendimos su significancia: en un mundo –o fenómeno mundial– donde la prensa del corazón es más importante que los conflictos bélicos y diplomáticos, Perez es sólo un simple mensajero, así que, como dicen los anglosajones, don’t shoot the messenger.


Perez Hilton con Victoria Beckham.
Ediciones pasadas de LaJota...