Mi primo quiere ser un soldado
por Sergio C. Gutiérrez Negrón
Entro a la oficina y me siento. El oficial, al otro lado del escritorio, muy acicalado, viste una simple camisa polo, con un name-tag que deletrea su apellido, y dos estrellas al la izquierda. Me da la bienvenida y me pregunta en qué me puede ayudar. Titubeo. Hay un reloj en la pared, que parece no moverse. "Army Strong", leo, en todos lados. Titubeo dos veces, si es eso posible, y lanzo el plan por la ventana.

“Buenas tardes”, le digo, abiertamente nervioso, “vengo a buscar información para mi primo.”

“¿Tu primo?”, me pregunta él, mientras saca una serie de panfletos y los pone encima de un escritorio. Yo los miro una y otra vez, y él repite su pregunta.

“Sí, sí… está interesado, y no pudo venir, porque estaba trabajando.”

“¿En qué trabaja tu primo?”, insiste, y temo que sepa que mi primo no existe y que se originó por el contrario de la combustión espontánea, hace algunos minutos.

“Trabaja en Denny’s”, es lo primero que se me ocurre, porque estaba en mis planes ir a comer allá.

“Pues llévale estos panfletos, y dile que saque un día, y nos visite. Así podemos trabajar juntos y decidir qué le conviene más.”

Le sonrío, y le digo que lo haré.

“¿Y tú?”, me pregunta.

“¿Yo qué?”

“¿Estás interesado?”

Intento evitarlo, pero comienzo a menear mis piernas de lado a lado; otro de esos detalles que me delatan.
“No, no.” Tartamudeo. “Estoy estudiando”.

“Ser parte de la Reserva te abre un abanico de posibilidades de estudio.”

“No, gracias”, lo interrumpo, recojo mi bulto y salgo por la puerta, casi corriendo, sudando, a pesar de que hacía un frío tremendo dentro de la oficina.
Ediciones pasadas de LaJota...
Oficinas de reclutamiento del ejército estadounidense en el centro de Río Piedras.                       Foto: Karisa Cruz Rosado
Decidí prepararme de ante mano, como un buen periodista, así que entré a la página de Internet del Ejército Americano, GoArmy.com. Después de ver la inmensidad de vídeos, anuncios, y presentaciones que ofrecen, de leer toda la información, esto fue lo que aprendí: el ejército americano es un componente de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, y están formados por los mejores entrenados, más dedicados, y más respetados soldados del mundo—dispuestos a proteger las “libertades de América en casa y en el exterior, para asegurar nuestra patria, y defender la democracia mundial”.

El soldado americano es la personificación de la fuerza física y emocional, y la voluntad y el sentido de tener un propósito. Como soldado, uno se prepara para servirle a la nación, dónde sea y cuándo sea, y estar listo para el combate a toda hora, y entrenado para contrarrestar cualquier amenaza. Además, tiene a su disposición la más alta y avanzada tecnología militar y vehicular. Al enlistarse, el soldado es muchas veces transportado a un “Army Post”, donde descubre que no se trata de las barracas militares que se ven en las películas, sino que es un lugar cómodo, con gimnasios, cines, ¡inclusive un mall, el Post Exchange, dónde pueden hacer compras libre de impuestos! Asimismo, hacen hincapié en que es un sitio excelente para hacer amistades.

Perfecto, me dije, y leí un poco acerca de los reclutadores, y cómo ellos son los más experimentados soldados del ejército, el mejor recurso para ayudarte a decidir tu carrera, y cómo podrías unirte al Ejército y ayudar a tú nación—Estados Unidos de Norteamérica, claro está.

Me pensé dispuesto y capaz de llevar a cabo la actuación: ser un estudiante sin rumbo, perdido, que busca en el ejército ayuda para mejorar como persona, y salvar el mundo. Planifiqué mi personaje, practiqué el tipo de cosas que le preguntaría, y llegué a la plaza creyéndome listo. Caminé por algunos minutos—casi una hora—asegurándome de que no metiera la pata, sonriente, porque no sentía ni una pulgada de nerviosismo. Recogí mi bulto del banquito donde estaba sentado, y entré a la oficina, completamente ignorante a la posibilidad de que en menos de quince minutos, tendría un primo nuevo.

Existía un plan, originalmente.
Hace dos semanas, en el Centro Universitario del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, durante la Feria de Artesanía Estudiantil, se montó una mesa de reclutamiento para el ejército de los Estados Unidos. Habían dos oficiales, con su esplendoroso—y probablemente caluroso—uniforme civil, dispuestos a reclutar a uno que otro estudiante. Pasé en la mañana, y apunté que sería el momento perfecto para conseguir información, directamente, de uno de ellos. Pero al pasar algunas horas después, la mesa había sido abandonada y me informaron que algunos estudiantes protestaron su presencia, y para evitar conflicto, decidieron irse. Taché la oportunidad de la lista, y decidí ir, en la próxima ocasión a las oficinas del ejército estadounidense que por alguna razón están localizadas cerca de las plazas de los pueblos—en el caso de Caguas, está en el casco urbano, al lado del Terminal de Transportación Pública, y en Río Piedra está sembrada como un bloque frente a la plaza.