El escenario de la ocupación militar en Irak es uno de armas, explosiones y muertes. Se han escrito muchos libros sobre la guerra, sus causas y repercusiones y una infinidad de películas han tocado el tema del 11 de septiembre, evento que supuestamente enfiló los ataques hacia las tierras petroleras. Pero todas son creaciones inspiradas en la observación a las afueras del campo de guerra.
¿Qué ha pasado allí? ¿Qué ha sucedido con la creación literaria y cinematográfica iraquí? ¿Dónde están los escritores, estudiosos, guionistas y actores? ¿Han continuado con sus producciones o el ambiente bélico los ha frenado para largo?
Esta breve investigación realizada a través de la dinámica Internet pretende arrojar luz sobre la situación de la literatura y del cine iraquí en estos tiempos de invasión norteamericana.
La cuna olvidada
Irak está localizada en el territorio que la geografía antigua llamaba Mesopotamia. Allí nacieron la escritura cuneiforme, el sistema de riego, los primeros códigos de leyes e importantes avances arquitectónicos como la bóveda. Estas y otras invenciones le valieron el título de “Mesopotamia: cuna de la civilización”. Hoy, las mismas tierras presencian el saqueo de sus museos, la falta de instrucción y protección artística que, acompañadas por bombas, asesinan poco a poco la diversa cultura iraquí.
La literatura de este país ha vivido tiempos de proliferación libre y otros de censura. Ali Bader, novelista y ensayista nacido en Bagdad en 1964, declaró en el evento “Representaciones árabes contemporáneas: La ecuación iraquí” que los tiempos de censura disminuyeron el desarrollo cultural del país.
Durante la dictadura de Sadam Hussein se prohibía tratar ciertos temas y se obligaba a los artistas a seguir unas normas ideológicas. Como hecho no se permitía escribir sobre el sexo. Los textos que conocían la luz eran aquellos que promovían de una manera u otra la política del partido en mando: el bassismo.
“Obras de nula calidad literaria escritas por intelectuales títeres y con escaso talento. Obras en las que se intentaban explicar los principios doctrinales del baasismo mediante narraciones tan rígidas como previsibles que justificaban -normalmente con bastante torpeza- los errores y horrores del régimen”, narró Bader.
Tras la caída de Sadam Hussein en el 2003, se “garantizó” la libertad de expresión en Irak. Cabría preguntarse qué libertad existe cuando se vive atemorizado. Bader, no obstante, luce complacido. Más allá de los problemas políticos y territoriales que atraviesa su país, dijo, la cultura y la literatura iraquí están viviendo un auténtico periodo de resurgimiento tanto a nivel cualitativo como cuantitativo. Los intelectuales, además, conocen lo que se produce en otras partes del mundo gracias a las fotocopias y a Internet: “En un futuro inmediato vamos a asistir a la emergencia de una poderosa escena literaria en Irak”, pronostica Bader.
Si algo demuestra la capacidad de distribución del Internet es el caso de Salam Pax, reseñado por el periodista Rubén Nicolas en diciembre de 2003. Salam Pax (paz en árabe y latín respectivamente) es un seudónimo utilizado por un iraquí que tiene aproximadamente 34 años de edad. Cuando tenía 29, se hizo famoso por su blog “¿Dónde está Raed?”, en donde publicaba crónicas diarias sobre la situación de guerra en Bagdad.
El “anonimato” que provee la red no fue impedimento para que grandes medios de comunicación como la BBC, empezaran a citar su página como referencia informativa de la guerra en Irak. Sus letras se extendieron por una infinidad de diarios, emisoras y portales hasta llegar a un libro: Salam Pax: el internauta de Bagdad, publicado por Arena Abierta.
Nicolas no lo pudo haber descrito mejor en su artículo: “La paradoja estriba en que su testimonio, escrito en la red y diseñado especialmente para ella, ha llegado al papel. El mundo al revés”. El periódico inlgés The Guardian publica una crónica de Salam bisemanalmente.
Por otro lado, la producción literaria iraquí se abrió una puerta durante el 2008 cuando fue la invitada de honor de la 56ta Feria Internacional del Libro de Frankfurt, Alemania. “Queremos llamar la atención sobre el hecho de que los árabes son una nación civilizada con una historia gloriosa y un presente difícil, pero tenemos nuestros ojos puestos en el futuro”, declaró el vicepresidente de la Asociación de Editores Árabes, Fathi Jalil al Bess. Esta oportunidad sirvió para que los medios publicaran reportajes sobre la literatura árabe.
El canciller alemán, Gerhard Schröder, dijo que uno de los objetivos de la Feria era luchar contra los estereotipos y los prejuicios culturales que los árabes y musulmanes sufren en Occidente, especialmente tras los atentados a las Torres Gemelas: “En los últimos años, la imagen de las sociedades orientales y el Islam ha sido manchada por caricaturas, prejuicios y generalizaciones odiosas”.
Todo indica que los escritores iraquíes continúan produciendo textos literarios y que el problema que enfrentan es la distribución de éstos, lo que explica que sólo se hayan dado a conocer escritores y ciudadanos, como Salam Pax, que tienen acceso al Internet.
En cuanto al cine respecta, Hamodi Jasem explica:
“La primera película iraquí se rodó en 1948, producida por una empresa local, y pocos años después se fundó un organismo público para fomentar el cine y el teatro en el país que llegó a producir bastantes películas, la mitad de las cuales se rodaron entre los años 1987 y 1988. En total, antes de la guerra se rodaron unas cien películas de ficción y otros tantos documentales. Desde 1990-1991 y durante doce años, Irak sufrió un embargo económico que impidió cualquier producción cinematográfica, ya que se prohibió comprar películas vírgenes o revelarlas, so pretexto de que los productos químicos empleados en el proceso podían tener un doble uso. Muchos artistas tuvieron que buscar trabajo en otros lugares y las salas de cine dejaron de proyectar películas y se reconvirtieron en teatros”
Con la entrada de las tropas estadounidenses, muchos creyeron que efectivamente iba a haber democracia, prosperidad y una mejora en las condiciones de vida en general. Pero, poco a poco, asegura Jasem, quedó claro que el país no iba mejor. Los que creían que Irak iba a convertirse en un país desarrollado se dieron cuenta de que estaban precipitándose a la catástrofe.
“Cada día que pasa en Bagdad es peor que el anterior, lo que, naturalmente, hace imposible la producción cinematográfica. Tras la ocupación de Irak se nos dijo que la democratización del país había permitido abrir más de veinticuatro estaciones de televisión que emiten vía satélite, una cifra impresionante para un país como el nuestro. Sin embargo, ninguna de estas cadenas produce películas de ficción o de otro tipo. Son, en su mayoría, pequeñas empresas instaladas en pisos de tres o cuatros habitaciones con escaso presupuesto y pocos medios, aunque es sabido que hacen falta miles de dólares para lanzar una cadena que emita por satélite. La versión más aceptada en Irak es que se trata de cadenas financiadas con dinero estadounidense para fortalecer las culturas étnicas y la ilusión de que estamos viviendo en una democracia”, denuncia el autor de “El cine en Bagdad, sobrevivir la destrucción de la memoria”.
Jasem considera que lo más grave es que esas cadenas no tienen archivos de las imágenes grabadas que, más tarde, podrían utilizarse como documentación para filmar películas. A esto se suma que con la entrada de las tropas ocupantes se destruyó el patrimonio audiovisual conservado hasta entonces en la sede de la televisión nacional, que fue quemada. Todo el patrimonio musical desapareció con la destrucción de la biblioteca de la Radio Nacional Iraquí. Actualmente, las televisoras borran lo grabado para reutilizar las cintas. Nadie guarda registro de lo que sucede, lo que podría desembocar en la destrucción de la memoria iraquí. “Si queremos rodar una película sobre el Irak de los últimos años tendremos que partir de cero”, lamenta Jasem.
El peligro de tener una cámara
La inseguridad reina en Irak. Si llevas una cámara en la calle, la policía estadounidense puede detenerte por “terrorista”, pero también pueden secuestrarte los “terroristas”, por considerarte espía del gobierno.
Durante los primeros bombardeos en la localidad de Faluya hubo cobertura mediática y se tomaron imágenes que impactaron a la opinión pública internacional. Durante el segundo ataque no se dejó pasar a los medios de comunicación, ni siquiera acercarse a la ciudad. Tal parece que tanto el cine como los medios de información son considerados hoy en Irak como un estorbo que tiene que eliminarse.
Joshua Partlow, periodista del Washington Post, escribió en su artículo “El cine iraquí, en la línea de fuego” que la mayoría de los cines que fueron populares en la ciudad cerraron por falta de actividad. Los que siguen abiertos, ahorran dinero proyectando una y otra vez las mismas películas. El autor expone que, como otras actividades culturales, el cine es un lujo que se extingue día a día.
Ziad Turkey, realizador de “Underexposure”, el primer filme de larga duración post-invasión, dijo al periodista que “en Irak hay más historias dignas de convertirse en películas que petróleo”.
Partlow cuenta cómo un actor que participaba del rodaje de otra película titulada “Ahlaam”, se dio cuenta de que ponía en riesgo su vida. Cuando filmaban una escena, helicópteros estadounidenses comenzaron a sobrevolarlos. Temeroso, el equipo de producción empezó a agitar ropa blanca y escribieron en el piso con letras grandes en inglés: "Estamos filmando una película". El artista narró al reportero del Washington Post que en el 2004, el equipo fue capturado por hombres armados en Bagdad y que el técnico de audio recibió un disparo en una pierna. Pasaron una semana en cautiverio.
“Ahlaam” se terminó de hacer en Beirut, fue editada en Londres y se proyectó en varios festivales de cine, pero nunca en Irak.
Estos testimonios demuestran un ángulo de la guerra que se ha tocado muy poco: la aniquilación de la cultura iraquí. En cinco años, Irak ha pasado de ser “la cuna de la civilización” a cuna del olvido, en donde el arte vive como rehén.
Partlow cuenta cómo un actor que participaba del rodaje de otra película titulada “Ahlaam”, se dio cuenta de que ponía en riesgo su vida.
Salam Pax es un seudónimo utilizado por un iraquí que se hizo famoso por su blog : “¿Dónde está Raed?”, en donde publicaba crónicas diarias sobre la situación de guerra en Bagdad.