Una historia sin relatos
por Nircia R. Del Rosario Meléndez
Ediciones pasadas de LaJota...
La reconstrucción de la identidad de un país no es imposible, pero tampoco completa. Más aún cuando se ha socavado a tal punto que parte de su historia jamás volverá a ser encontrada. Sin duda, la destrucción que origina una guerra amenaza todo lo que encuentre a su paso.

Mientras el Pentágono continúa ocupado determinando cuál año es más seguro o mortífero, para sus tropas (lo cual es un tanto irónico porque desde cuándo durante una guerra se puede estar seguro),  más y más personas inocentes continúan muriendo en las calles iraquíes.

Aunque las cifras de los civiles muertos en la guerra contra el “terrorismo” son inexactas, se estima que este conflicto bélico ha cobrado la vida de más de 80 mil personas desde su comienzo en el 2003.   Pero hay otro crimen atroz que se comete en contra de este país: el asesinato de su historia.

Irak es la cuna de la civilización occidental la cual se originó hace más de 7,000 años. Algunas de las civilizaciones que componen el patrimonio cultural iraquí son las de los babilonios, asirios, sumerios, persas, caldeos, acadios, partos, romanos, griegos, sasanidas y musulmanes. 
Historia del museo de Irak y los saqueos
Saqueo en el Museo Nacional de Irak, en Baghdad (2003)
Saqueos en Irak
Guerra en Irak
En abril de 2003, El Museo Nacional de Irak (MNI), en Bagdad, sufrió el peor saqueo de su historia.  Según la UNESCO, cerca de 13,000 objetos se extraviaron de los cuales 4,000 fueron devueltos voluntariamente. Pero los saqueos en los sitios arqueológicos, son incalculables.

Varios niños han aprendido a invadir y extraer objetos de los yacimientos arqueológicos de Afganistán y Pakistán a cambio de uno o dos dólares. Muchas de estas piezas robadas son vendidas en el mercado negro. Sus compradores principales son coleccionistas de antigüedades de Asia, Europa y Estados Unidos. 
Estos saqueos también ocurrían en el pasado entre los mismos habitantes y países vecinos, pero con el comienzo de la guerra se incrementaron. Al parecer, el desespero, la escasez, la destrucción, la desolación fomentan la necesidad de robar lo que sea para sobrevivir.  “Los artefactos se pueden convertir en un sitio para saquear y comercializar, y no se les puede culpar (a los habitantes) de eso porque es una sociedad en ataque”, opinó Osvaldo García Goyco profesor de Arqueología en la Universidad de Puerto Rico, Río Piedras.

Aunque la responsabilidad de las devastaciones no recae exclusivamente en los soldados estadounidenses ni sus aliados, es preciso señalar que ellos tampoco hacen nada para evitarlo. Culpable es tanto quien comete el crimen como quien lo observa y calla.  

Algunos de los tratados existentes para proteger de la catástrofe de la guerra a los individuos  ajenos al conflicto y a las zonas ocupadas lo son Las Convenciones de Ginebra. Éstas, creadas por Jean Henri Dunant, fundador de la Cruz Roja, son parte del Derecho Internacional Humanitario. ¿Qué hacen las fuerzas militares con estas Convenciones? Ignorarlas.
Para los que dirigen la guerra sin sentido, el petróleo es lo único valioso y digno de conservar en esas tierras. El interés económico y el deseo de dominar el mundo entero condujeron  a la humanidad a matarse entre sí y a desaparecer su propia historia.

La religión también ha sufrido estragos. Las mezquitas son blanco predilecto de los bombardeos los cuales demuelen no sólo una estructura sino la creencia de un pueblo. Irak no es el primer caso de destrucción de patrimonio cultural y religioso. Hay varios antecedentes de guerras pasadas como el  ataque al territorio de Bosnia- Herzegovina, en la antigua Yugolasvia entre 1991 a 1995. Cerca de mil mezquitas, cientos de iglesias católicas y algunas ortodoxas y sinagogas fueron aniquiladas en el proceso. También museos, bibliotecas, universidades y archivos. 

Al borrarse varios eslabones de la historia, se corre el peligro de que futuras generaciones desconozcan parte de su identidad humana. Estos ataques imposibilitan la oportunidad de continuar descubriendo las raíces que conforman la sociedad de hoy. Esto es un descalabro a la humanidad.  Varios gobernantes son tan débiles que para perdurar en el poder necesitan embrutecer a los individuos, aniquilarlos de mente y cuerpo.

El deber del ciudadano es poner un alto a estos atropellos. ¿Las personas no se jactan de vivir en una sociedad democrática? Pues hagan valer su opinión y voto. Obliguen al gobierno a parar esta guerra, a proteger a las personas y a la cultura. No olviden que un día puede ser tu país quien sienta directamente lo que ellos sufren hoy.