El laberinto de la matrícula
por Iván J. Pérez
Tras llevar a cabo una rápida encuesta telefónica de dudosa validez investigativa a tres estudiantes de distintos departamentos del Recinto de Río Piedras, tengo una visión un poco más amplia de los sentimientos de los universitarios en torno al maligno proceso de la matrícula de clases.

Nancy Arroyo, una amiga de la escuela superior, y estudiante en su segundo año de Ciencias Sociales, relata cómo no entiende el programa para nada y cómo muchos de sus compañeros dependen de la orientadora, asumo yo que montándole tremenda fila en esos días ajetreados de fin de semestre. También recuerda haber visto los programas de matrícula de otras universidades y cómo estos son mucho más avanzados y fáciles de usar en comparación al nuestro. Ella sugiere que le encomienden a cualquier estudiante de Ciencias de Cómputos la tarea de crear un programa que sea simple, que te diga los horarios de las clases y qué cursos hacen falta para graduarte.

Estas preocupaciones ejemplifican los problemas mayores que enfrenta el estudiantado a fin de semestre. Muchos tienen dificultades con el hecho de que al escoger las clases que necesitan para terminar su bachillerato en cuatro años, no conocen cuáles son. Para averiguarlo, necesitan una evaluación de progreso académico, hoja mítica que se hace difícil conseguir en las oficinas de administración del departamento al que corresponde cada estudiante, debido a que éstas se encuentran ocupadas matriculando a jóvenes de cuanta concentración hay en las clases que necesitan.

Por ejemplo, vemos que en cualquier momento del día en las oficinas del Departamento de Inglés hay por lo menos seis estudiantes de distintas concentraciones buscando la dichosa clase que les falta porque no se pueden matricular ellos mismos, ya que esa no es su concentración. Esos alumnos evitan que el estudiante que sí es de inglés pueda recibir su evaluación para que sepa a qué otros departamentos tiene que ir a molestar para sus clases. Si suena confuso, es por que lo es.     

El que no tiene problemas con saber qué clases tiene que coger, tiene problemas consiguiéndolas. Milimar Landrón, mi ex novia, joven que está terminando su segundo año en Historia, resume sus frustraciones con el “vía crucis” que es el sistema: “Se me hace sumamente difícil y absurdo. Me es absurdo que sea tan difícil conseguir las clases que necesito”. Ella admite que entiende el programa cuando lo usa, pero que siempre le da problemas. Su frustración mayor es la falta de secciones de las clases que tiene que coger, ya que muchas están llenas cuando le toca hacer matrícula, por lo que sugiere una cantidad más surtida de profesores y secciones. 




































Otro problema horrendo al escoger clases: la organización de los turnos de selección según el año académico. Antes de que te toque la matrícula, debes organizar tu horario para tener una semana balanceada dependiendo de tus obligaciones y gustos personales. Te organizas dependiendo de si prefieres coger todas tus clases por la mañana, para tener la tarde libre para estudiar, participar en actividades y reuniones extracurriculares o viceversa. Pero al matricularte, si tienes suerte, consigues tres de las cuatro secciones que querías, así que tienes que hacer como diez combinaciones distintas de secciones para tu posible futura agenda, así participando en un juego nefasto de rompecabezas del cual tu futuro depende.

Algunos tienen la suerte o el privilegio de hacer matrícula temprano y no tienen problema consiguiendo secciones. Pero esto no significa que su proceso de selección no tiene obstáculos. Néstor Hernández, un compañero de clases, estudiante del Departamento de Educación, es uno de éstos. Cuenta cómo en su primer año lo mandaron a buscar una clase de inglés en el departamento, en donde nadie supo ayudarlo y se quedó sin coger la clase. Todo esto sin mencionar a los pobres prepas, estudiantes que como están en lo último de la fila, les toca las sobras que por algún milagro les lleguen. 

Todas las tribulaciones que desata la matrícula se pueden resolver con un buen programa de computadoras. Parece inverosímil que en el sistema universitario más grande de la Isla  los estudiantes dependan de un programa tan fatulo y anticuado, y que es famoso por dejar de funcionar cuando le da la gana. El Nintendo original de 8 bits funciona mejor. Los juegos clásicos de éste sistema, Duckhunt y Mario Bros disfrutan de una programación más compleja y fácil de usar. Es necesario, no sólo un upgrade al sistema, sino también eliminar la necesidad de tener que ir a un departamento específico a buscar electivas o reevaluar las clases que se le exige a los estudiantes. Si algo es seguro, es que no hay nadie que no tenga una queja sobre el sistema existente.     

"...sugiere que le encomienden a cualquier estudiante de Ciencias de Cómputos la tarea de crear un programa que sea simple, que te diga los horarios de las clases y qué cursos hacen falta para graduarte."
"Parece inverosímil que en el sistema universitario más grande de la Isla  los estudiantes dependan de un programa tan fatulo y anticuado, y que es famoso por dejar de funcionar cuando le da la gana. El Nintendo original de 8 bits funciona mejor."
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