Se vislumbra un paraíso terrenal

La frialdad, silencio, desánimo y tristeza que abunda entre los familiares de pacientes de cáncer en los hospitales pediátricos contrastan con la música, baile, trajes largos, gabanes, risas, comida, vino y arte que predominaban en la Sala Carmita Jiménez del Centro de Bellas Artes de Caguas el pasado sábado 8 de marzo a propósito de la Segunda Gran Cena Baile, organizada por la Fundación Casa José, a beneficio de estos niños. Y es que cambiar ese ambiente de la clínica por uno de ocio es precisamente el objetivo de la agrupación.
La creación de la Fundación Casa José fue inspirada en Miguelito, un joven que a sus 15 años fue diagnosticado con cáncer y le pronosticaron dos semanas de vida. Un grupo de padres de la tropa de niños escuchas a la que pertenecía se comenzó a reunir para orar por él y por su familia. No fue hasta 6 años después, en agosto de 2001, que murió. El círculo de oración seguía formándose y decidieron, después de casi tres años, formar la Fundación.
Su meta principal es innovadora. Procuran concretar el proyecto de tesis “¿Cómo puede alguien extender su vida de 2 semanas a 6 años?” realizado por Zuleyka Hernandez Miranda, hermana de Miguelito, durante sus años de estudios en arquitectura. La propuesta consiste en crear un campamento en el que el “espacio de paz en armonía con la naturaleza” contribuya al reestablecimiento espiritual y emocional, que a su vez ayuda a la estabilidad física. A través de las actividades que disfrutarán en el área, los menores sentirán el apoyo y compañía de parientes y amigos para fomentar sus deseos de continuar la batalla contra la enfermedad. El Campamento Casa José contaría con un anfiteatro natural, establo, comedor, biblioteca, salón de actividades, espacio para fogatas, cabañas y un mirador, entre otros lugares.
Dirigiéndose al público que se dio cita al Centro de Bellas Artes, la arquitecta planteó que “todo aquel que ha vivido en un hospital por días, semanas y meses necesita tener contacto con todos estos elementos más allá de las cuatro paredes que los rodean en el hospital”. La idea es que los chicos se desenvuelvan en una zona donde se sientan libres de horarios o citas, distinta a la clínica y a la casa.
Entre sus metas para este año se encuentra llevar a cabo el primer campamento de un fin de semana en un parador, en el cual participarían 15 familias con niños que padecen cáncer. El compartir, que tendría un costo de $30 mil, serviría como proceso de educación ya que pacientes de todas las etapas de la enfermedad coincidirían, dialogarían y aprenderían de sus respectivas experiencias. Otros planes a corto plazo incluyen organizar pasadías y foros televisivos, radiales y de prensa para educar.


Sala Carmita Jiménez del Centro de Bellas Artes de Caguas
Efectuar sus finalidades requiere de aproximadamente ocho millones de dólares y un terreno de cinco a diez cuerdas, con lo que aún no cuentan. Se necesitan, además, manos que ayuden a construir. Hernández Miranda sugirió que los estudiantes de escuelas vocacionales, de ingeniería o arquitectura pueden realizar sus prácticas cooperando en el proyecto, mientras se educan.
Para poder cumplir con sus sueños, recogen fondos mediante actividades cuyos costos, en su mayoría, son cubiertos por auspicios. En la gala del sábado, se subastaron 23 obras de arte donadas en su totalidad por sus artistas, entre ellos Antonio Martorell, Enrique Elustondo y Manuel García Fonteboa. El municipio de Coamo colaboró comprando por $1,500 una serigrafía, “Esquina de Coamo”, de la autoría de Isabel Bernal. Además de las “cenas bailes”, sobresale una siembra de árboles en el Jardín Botánico de Caguas donde 28 familias con niños afectados, de las cuales 9 perdieron sus hijos a causa de la mortal enfermedad, sembraron un árbol.
Aunque la cantidad de dinero recaudada en sus gestiones es significativa comparada con los gastos incurridos, Maria Cristina Miranda Marín, presidenta de la Fundación y madre de Miguelito, afirmó que necesitan más apoyo: “recibimos algo, pero no lo que debería ser”.
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