Carta de una Plasta a Mayra Montero
por Diana “La plasta número 3, 457” Soto De Jesús

La escritora Mayra Montero decretó en su columna semanal que los jóvenes del momento son una generación de plastas. En ésta se relata la experiencia de una profesora a quien se le pidió fuera más condescendiente con sus estudiantes luego de expulsar del salón de clases a unos alumnos por básicamente ser unos desordenados, aunque (por supuesto) ella lo describe más dramáticamente. La escritora ofrece entonces su veredicto:
"Invierten largos años en terminar un bachillerato, carecen de grandes sueños profesionales ni mucho menos tienen lo que antiguamente entendíamos por compromiso. Así, parece que el país deberá prepararse para acunar a una generación de plastas que han hecho de la impunidad su religión y que lo han recibido casi todo a cambio de nada. Y digo casi todo, porque no hay lección de vida. "
Pero señorita Mayra, ¿quién crió a esa generación? ¿Quiénes fueron a los que, digamos, se les chispoteó darle los valores que usted tanto reclama? ¿O me va a decir que en la década de los ochentas vinieron los marcianos y modificaron genéticamente todos los óvulos femeninos puertorriqueños creando una generación de humanoides con defectos mentales? Que yo sepa las escuelas no las administran jóvenes, sino adultos; adultos tan y tan adultos, tan y tan sumidos en su exquisita autoridad dada por hecho que se les olvidó lo que era coger clases. 

Mayra Montero estrangula su gato antes de que lo agarren los plastas.
Mas vayamos al caso de la universidad y la supuesta generación perdida. Sí, fallaron los estudiantes de los que ella habla al estar riéndose y empujando sillas en medio de una clase, pero falló aún más el sistema universitario. Falló el recinto por no apoyar a los profesores y ni siquiera darle la oportunidad de justificar sus acciones, discutirlas con los estudiantes, llevarlo a un consejo de mediación o algo similar. Y fallan también los profesores por enviarles cartitas changas a una escritora que cada vez berrincha más de lo que argumenta. Todo esto para que, como voz pública, autorizada grite: “¡Monstruos! ¡Mutantes!” al otro, el enemigo par excellance. 


Sería fácil acusarle de viejitis aguda, pero la cosa va más allá de ese síndrome que nada tiene que ver con la edad. Esto se trata de fundamentalismo pseudo-intelectual. La señora Montero ha tomado por hábito el criticar sin ni siquiera molestarse en ir a las fuentes correspondientes para averiguar. En toda la columna las únicas referencias que se citan son profesores “indignados”. A la gente de la administración, que optó por no sólo hacerse de la vista larga sino pasarle la mano a los estudiantes, no se les indagó nada. Pues claro, si a cada rato la están invitando a charlitas aquí y allá, y es precisamente ese tipo de institución quien la valida como voz pública. Preguntarle a estudiantes qué piensan de eso, si es que les molesta este tipo de conducta que algunos de sus compañeros manifiestan… ¿pa’ qué?, si bajo la visión Monterina los jóvenes están perdidos, no tienen nada que decir que valga la pena ser oído. Ella condena y punto, no tiene ni que conocer el asunto. 


Condenar sin conocer, como fórmula para mantener su standing de voz pública, no es algo nuevo en este espacio dominical. Si bien la columnista había comenzado a cultivar una reputación como sagaz observadora de diferentes elementos de nuestra sociedad (mis favoritas son sus descripciones de la legislatura) últimamente su razonamiento como que patina. Muestra de este padecer fue su columna sobre facebook en la que condenaba a la página y sus usuarios como morones que no leen, no ven buenas películas ni se enteran de lo que pasa en el mundo… y esto luego de manifestar con orgullo que ¡nunca ha entrado a la página! Por lo que nunca se enteró de las marchas, las lecturas de libros en la Tertulia y las obras, entre otros eventos, que allí se convocan. O de la posibilidad de conocer grupos de movimiento social como “no a la 99” - es más fácil condenarlo todo y decir foo que molestarse en pensar y luego hablar. 

Y ¿qué hay con la ola de profesores agriaos que no se les ve fuera del horario de clase ni por casualidad? O, ¿de todos aquellos que están por amiguismo, mientras gente capacitada con doctorados o méritos terminan marchándose a otras universidades porque no les es posible conseguir plaza?

No, de los problemas grandes, los institucionales que vienen de arriba, de esos no se habla. Total, como los jóvenes no son jefes de nadie, todo lo contrario, son probablemente los trabajadores con peores empleos donde con frecuencia terminan en Kentucky, o si tienen suerte, Borders, pues que carguen con la culpa solos. Si, después de todo, para eso han estado desde el principio de la civilización: la juventud siempre va a traer el Apocalipsis, y SURPRISE! SURPRISE! el Apocalipsis nunca llega.

Mas como lo mejor se deja para el final aquí está la frase de oro:





Que posturita más cómoda, ¿no? ya oficialmente su labor es la de criticona oficial. Eso de vamos a hacer algo para arreglar la situación - naa, mejor acomódate en el sofa y veamos el show. Pero no, señorita Mayra, lamento informarle que la vida no es una película baratex que consumes comiendo popcorn, la vida se vive y si está mal, te levantas y la arreglas. 




Ediciones pasadas de LaJota...


“(el problema de la generación de plastas) Es un enigma cuyos resultados se empezarán a ver muy pronto. Tomemos asiento”.