Por Viviana Torres Mestey
Carlos Xavier López Rosario, al igual que el actor que interpretó a Superman, Christopher Reeve, es paciente de “Spinal Cord Injury”. A los 18 años, sufrió un accidente que lo dejó cuadripléjico con un movimiento limitado en sus brazos y muñecas.
López Rosario, mejor conocido por sus amigos y familiares como Charlie, aseguró no entender qué de especial tenía su historia. Sin embrago, comenzó su relato con tanta claridad y precisión que cualquier persona hubiese pensado que el accidente era tan reciente como ayer, aunque ya han pasado 17 años.
“Esto es un asalto, dame todo lo que tengas”, amenazó un hombre con arma en mano. “Mira, llévate todo lo que quieras. No me hagas daño por favor”, pidió López Rosario desde su carro. “Y después de pedirle eso, me disparó”.
Desde el momento en que le dispararon perdió todo movimiento. Por un mes, sólo pudo mover los ojos y la boca. “Es una sensación, no te niego, un poquito scary, de miedo. Porque te disparan, no puedes respirar bien, no te puedes mover. ¿Qué piensas? Pues, me estoy muriendo”, confesó. Sin embargo no fue el impacto de bala, que aún está alojada en su hombro derecho, lo que más le afectó, sino las complicaciones respiratorias.
López Rosario, que actualmente tiene 34 años, vivió los cinco meses de su rehabilitación en el Hospital Jackson Memorial en Miami. El costo diario era de $1,200. Decidió no recibir tratamiento en Puerto Rico, puesto que el Centro de Rehabilitación Vocacional del Centro Médico, aunque “no es malo”, no era eficiente para su tratamiento por sus obstáculos burocráticos y sus crecientes limitaciones. En Miami, le enseñaron a sentarse en la silla de ruedas, a vestirse y a cuidar su cuerpo.
“Charles in Charge”, como le dice una de sus mejores amigas, no perdió tiempo. Inmediatamente, a su regresó de Miami el 26 de junio de 1992, continuó sus estudios universitarios que habían sido interrumpidos a finales de su primer semestre de primer año. Se graduó en 1996 de la Universidad Interamericana con un bachillerato en Gerencia Industrial y una segunda concentración en Recursos Humanos.
No le fue fácil conseguir empleo. Tres años luego de graduarse, después de haber pasado por una operación de cordón espinal en 1997 a raíz de un accidente automovilístico, consiguió trabajo en American Airlines. Viajaba de Caguas a San Juan para trabajar en el servicio de equipaje con un turno desde las 7 de la noche hasta las 3 de la mañana con un salario de $5.15 la hora. Pasado un mes, le ofrecieron una plaza clerical de administración en la misma compañía, puesto que ejerce hace nueve años.
Ha pensado en cambiar de trabajo, pero no ha tenido la oportunidad. Incluso, intentando avanzar en su carrera, se ha encontrado con incidentes de discrimen. En una ocasión, le negaron otro empleo para el cual él entendía estar cualificado y piensa que su discapacidad tuvo algo que ver.
Charlie es concejal y tesorero voluntario del Comité de Vida Independiente (CVI), ubicado en el Centro Médico de Río Piedras, en donde representa a personas con impedimentos de la empresa privada, específicamente American Airlines.


Llegó a su casa en Caguas manejando un Honda preparado con unos controles especiales que le permite operarlo sólo con sus manos. Bajó la silla de ruedas, la ensambló, se transfirió del auto a ella y entró a su hogar por una puerta ancha que le facilitaba el paso.

Esto ocurrió poco antes de la 1 de la mañana del 14 de diciembre de 1991, cuando López Rosario regresaba de la casa de su novia en San Juan. Se detuvo a conversar de carro a carro con un amigo en la Urbanización El Verde en Caguas, “él no apagó su carro y yo sí apague el mío”, contó. En ese momento, una persona llegó por la parte de atrás de los carros y exigió saber la hora, acto seguido anunció el asalto. El amigo de López Rosario se fue sin problema, sin embargo López Rosario no pudo huir.
“Ayúdenme que me dispararon", gritó a los vecinos que se acercaban. “¿Qué es lo que está pasando? ¿Tú estás bromeando?”, preguntaban unos amigos de sus abuelos que vivían cerca del área. “Ayúdenme por favor, que me dispararon,” insistió López Rosario. “Me dispararon”, repitió.
La función de CVI, es promover la filosofía de una vida independiente y atender problemas como facilitar el acceso a personas con impedimentos en las gasolineras, sin que tengan que pagar más dinero por un “full service” al no poderse bajar del auto. “Hay muchos asuntos problemáticos en Puerto Rico para la población con impedimento”, aseguró López Rosario.
La vida del Gran Charles ha seguido normal y tranquila. Compró un apartamento en Dos Marinas en Fajardo y un bote que saca a alta mar los fines de semana. Está tomando clases de navegación, le gusta el sushi y las fiestas. Incluso, piensa tirarse pronto de un paracaídas sin decírselo a su familia para probar sus súper poderes y después enseñarles el video. De otra forma, nunca se lo permitirían.
“Uno madura como individuo, ahora aprecio mucha más la vida y estoy convencido que dado las circunstancias de mi vida he llegado a ser un mejor ser humano…valoro cada día, cada instante de vida al máximo”.
Carlos López con su madre Maria Luisa Rosario Nuñez
Valentín Día, Carlos López y Jorge L Claudio.
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