Sobrevivencia en la sequía
“Deja que te cuente…” Así comenzó la historia. Insinuando que los hechos que le seguirían a esta sencilla introducción no serían fáciles de digerir, como un cuento en el que las acciones de su protagonista desafían la realidad y combaten los sentidos. Nuestro narrador utilizó todos los recursos a su disposición para asegurarse de que no dejaba nada a la imaginación. Narró cómo, al salir del cine, se dio cuenta que las cosas no andaban bien. Un viento de peligro asechaba sus pulmones. La gente caminaba con cara de sutil desesperación - el desespero no se les notaba de primera, tenía que mirar los ojos por dos o tres segundos - por razones inicialmente desconocidas, que no entendió hasta que se trasladó al pasillo principal. Aparentemente, no había agua en el centro comercial. Todos los baños estaban cerrados. Los clientes, que siempre tienen la razón, no tenían donde hacer sus necesidades. La prisa dio paso a los instintos básicos del mamífero humano.
Las madres con sus coches se pisaban los callos de camino a Gap Baby. Los jóvenes se codeaban violentamente como en un juego de la mundial para leer, no comprar, sus manga preferidos en Borders. Unas chicas se tiraban los tacos como boomerang en Nine West en un esfuerzo descontrolado de ser las primeras en pagar. Un caco se quedó mirando un tigre brillante en la sección de Ed Hardy en Macy’s y se le descarrilaron los sesos Una pelea se formó cuando dos hombres agarraron el mismo Mp3 en Sears. Supuestamente, terminó en llantos cuando una familia salió de la tienda sin padre.
Ediciones pasadas de LaJota...
“Y tú, a todo esto; ¿qué hiciste para salvarte?” le pregunté inocentemente. Con toda seriedad me contestó: “Bueno yo no tenia nada que comprar, así que me fui para casa.”
El sábado 16 de marzo de 2008 a las 9:00 de la mañana, el centro comercial Plaza Las Américas abrió sus puertas a pesar de que no tenía agua. La gente fue y compró como quiera. Nadie perdió la vida.