En un mundo donde existe una crisis ecológica global, un aumento demográfico incontrolable y una guerra aniquiladora, la existencia de la esperanza es cuestionable. En un pueblo donde domina la violencia, que puede afecte a todos las partes de la sociedad pero que victimiza con particular fuerza a los pobres y marginados, es debatible si el futuro después de nuestros nietos tiene importancia para la actual generación.
Éstos fueron los temas discutidos por el catedrático de física, Daniel Altschuler Stern, en la conferencia Ciencia, tecnología, guerra y paz, celebrada el pasado jueves 3 de abril por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
La población mundial para el 2050 alcanzará los nueve mil millones, un aumento de tres millones de personas en comparación con el año 2000. Altschuler mostró una ecuación donde el consumo por la población es igual al impacto en nuestro entorno. Es decir, el planeta está en nuestras manos y ha sido comprobado.
El profesor de la facultad de Ciencias Naturales de la UPR describió la importancia del rol de las ciencias. Esta materia busca y produce el entendimiento del funcionamiento del mundo. Es verdadera pero aproximada y no absoluta, sino auto correctiva. El valor de sus teorías no depende de quien las propone. En ella no hay entidades sobrenaturales, al contrario del dogma. En un discurso donde criticó fuertemente a la Iglesia, Altschuler indicó que en la ciencia no existen milagros, los que definió como “productos de la ignorancia estadística”. Además, señaló que es el único lenguaje universal que supera la tragedia de las diferentes lenguas del relato de Babel.
La ciencia se nutre de la tecnología, que en su era primitiva permitió la creación de las primeras armas: la piedra y el palo. Las armas fueron renovándose y empleándose en guerras, motivadas en la actualidad por la ventaja política y económica, el afán de dominio y la intromisión de acuerdo a intereses particulares. Estos conflictos han desarrollado una visión xenofóbica hacia lo extranjero, que se percibe como una raza inferior.
En su disertación el pasado director del Observatorio de Arecibo hizo referencia a la famosa cita “War is peace” de la novela 1984, por George Orwell. Al parecer ese es el “slogan” de nuestro tiempo, ya que, irónicamente, el remedio que se utiliza para lograr la paz es la guerra. Para conseguir esta “paz”, se mantienen más de 700 bases y decenas de milicias en el extranjero. Todo se resuelve con acciones militares, se declara la guerra a cualquiera que esté en contra de ideales particulares, invirtiéndose en ella millones de recursos materiales y humanos. El proceso es respaldado por “la industrialización de la guerra que obliga a la guerra” para continuar con el ciclo capitalista de producción y consumo.
Altshuler desacreditó cómo en los conflictos bélicos “se dispara una AK 47 con un libro sagrado bajo el brazo”, haciendo referencia a las naciones que, a pesar de autodenominarse seguidores de alguna religión, declaran la guerra. Nuevamente colocando a la Iglesia como blanco de crítica comentó en su ponencia que, si se aplicara el mandamiento de “no matarás” de forma absoluta, reinaría la paz. El físico también criticó que entre los siete nuevos pecados de la doctrina católica, no se encuentran las exterminaciones mediante bombas y combates.
Además tildó a Dios de un dictador que “no tiene los cojones” de castigar estas imprudencias.
Para Altschuler hace falta un ingrediente ético renovado “antes de que el mundo de los vivos se convierta en el infierno verdadero”. Se necesitan nuevas maneras de mejorar nuestras conductas, para crear un mundo de paz y de justicia para que aquel que renuncia a la violencia porque cree en la “no violencia” no sea erradicado en el futuro por ella misma.
Las soluciones
Los extremistas han sobrevivido por consentimiento de los moderados que callan y no condenan. El catedrático de física piensa que se está educando a la nueva generación de manera que actúe de igual forma que estos moderados. El adoctrinamiento y conformismo, estimulado por parte de la educación y los medios de comunicación, han anulado las protestas de los jóvenes en contra de lo que está pasando a su alrededor por causa de las acciones de los adultos. Como la violencia es contraria a la razón, para impulsarla, se evita el razonamiento.
La finalidad que se le inculca a la juventud es “ganar dinero para adquirir cosas”. Altschuler piensa que se está creando un “homo económicus” al punto de que “confunden el signo de la paz con el de Mercedes Benz”. Por esto, exhortó a comenzar el proceso de concienciación mediante la educación desde las escuelas, porque cree que en la universidad ya es demasiado tarde para que las personas se den cuenta de las aberraciones en cuanto a la religión, tecnología, guerra y la paz; no así a la ciencia, a la que defendió hasta el final, a pesar de admitir que no es absoluta.
Pero, ¿qué pasa con la ciencia que no ha desarrollado regulaciones para sus invenciones mortíferas como las bombas nucleares y biólogicas? Nos queda cuestionar entonces si es válido criticar a la religión e ignorar la falta de acción de esta materia, que en más de una ocasión ha propiciado e impulsado las condiciones mundiales de enfrentamiento por las que se preocupa. Tal vez la solución se encuentre cuando la religión, la ciencia y los gobiernos, hagan un balance entre sus intereses individuales y los colectivos.