Gandalf y la Resolución 99:
Un análisis a fondo de dos ciudadanos encojonados
por Janice M. Mejías e Iván J. Pérez


El documento dicta que “la importancia del matrimonio en nuestra sociedad tiene su arraigo en consideraciones de tipo científico, sociológico, ético, moral y cultural que ha permeado en nuestro pueblo desde sus orígenes. El mismo esta estrechamente ligado a la prosperidad de una unión familiar y conyugal, cuyos paradigmas han sido transmitidos de generación en generación por nuestros antepasados”. Esta conclusión no se respalda con evidencia empírica. Tampoco se prueba que la unión familiar entre heterosexuales es más estable que una homosexual o que el género de nacimiento deba ser definitivo o que dicte irrevocablemente la preferencia sexual. Así pues, ¿quién decide cuál es el género original, la biología o la persona? ¿Quién decide de quién, legalmente, podemos enamorarnos y formar uniones y con quién no se puede?
To legislate the matters of the heart is a fool’s errand. – Anonymous. Se insiste en ignorar la psiquis y la parte emocional que forma a cada individuo. Se está privilegiando la biología cuando es un hecho que las relaciones humanas encierran complejidades que no pueden ser categorizadas. No se puede obviar la necesidad y búsqueda de la felicidad, ese llamado pursuit of happiness que nos promete la Constitución.
La redacción prejuiciada e inconsistente de este proyecto lleva a la creación de definiciones vagas. Esto se presta para se den verdaderos loopholes en la interpretación del documento. Por ejemplo, consideremos la definición de matrimonio propuesta: “unión legal entre un hombre y una mujer con capacidad legal, en conformidad con su sexo original de nacimiento”. En el caso hipotético de que un hombre decida cambiar su sexo a fémina y posteriormente se case con una mujer de nacimiento, son dos lesbianas casadas. Pero este matrimonio es legal ya que son de dos géneros opuestos desde nacimiento. A que no se te ocurrió esa, De Castro Font.
Cada truco de magia consta de tres partes. Primero, convencemos al público de que el objeto que desaparece es algo natural y ordinario; después desvanecemos el objeto, y para finalizar, lo traemos de vuelta. Jorge de Castro Font y grupos muy particulares se aseguraron de aprender los primeros dos pasos, pero no el último, ya que no es conveniente. Con la aparición de la Resolución 99 se ha borrado del short term memory colectivo los problemas que tenemos, en un intento de asegurar escaños en el Senado y dogmatizar la legislación puertorriqueña.
La Resolución 99 es un documento de tan sólo tres páginas presentado por Jorge de Castro Font y aprobado por el Senado en noviembre del 2007. El texto propone elevar a rango constitucional la premisa del matrimonio como “La unión legal entre un hombre y una mujer con capacidad legal, en conformidad con su sexo original de nacimiento.” También invalida en la Isla toda unión homosexual o transexual que haya sido efectuada en otras jurisdicciones.
La interpretación inicial del documento es que éste imposibilitaría el matrimonio entre dos homo sapiens sapiens de un mismo sexo, cosa que ya es ilegal, según el Código Civil de Puerto Rico. Así pues, es doblemente ilegal; ilegal a la segunda potencia. Pero la problemática radica en la ambigüedad del texto, en lo que no se dice. Se establece que “la familia, cimentada en la unión matrimonial monogámica entre el hombre y la mujer es un bien necesario e imprescindible”, lo que lleva a pensar que cualquier hogar que no sea papá, mamá, hijo e hija es de segunda categoría. Supone que para ser un miembro productivo de nuestra sociedad hay que ser criado en este prototipo de la familia. Si te crió tu abuelo, madre soltera, hermanos o tu papá y su novio, no hay esperanza; no eres parte de la solución sino del problema. Ofreciendo a la pluralidad de ciudadanos puertorriqueños una definición hermética de matrimonio, toma por dado una idea obsoleta de lo que es familia. La resolución se queda a un paso de estigmatizar los hogares alternos.

Pero, claro, si el objetivo es capturar votos, no hay que ponerle tanta atención a que esta legislación atienda o no los problemas. Pero como clásico político truquero, apto en el arte de la ilusión, nos cambian gato por liebre en un movimiento ágil de mano. Tal vez eso explique porqué el gobernador Aníbal Acevedo Vilá confirmó a un grupo denominado la Hermandad Pentecostal, que consta de 2,300 iglesias, que él no se interpondría en la legislación de la medida, a pesar de su parecer, como publicó el USA TODAY. Este incidente demuestra lo fácil que en realidad es desaparecer la línea entre Iglesia y Estado. Pero Acevedo Vilá prefiere no romperse la cabeza diferenciando esta “mágica” unión entre dos cosas irreconciliables y simplemente prefiere pasar el tostón pa’ lante.
Ésta Resolución, que irónicamente no resuelve nada, es segregante y discriminatoria para con aquellos que forman parte de una familia alterna o que nunca han considerado el matrimonio como una opción
viable y optan por la convivencia. Es la puesta en escena de un peligro real para nuestra generación, que somos los que al fin, vamos a tener que bregar con las consecuencias. Si permitimos que los Gandalf y Merlin de la vida nos distraigan con sus cajas de trucos, ¿cuál es el futuro que nos espera? Si llega el día en que tengamos que votar por este ridículo referéndum, asegurémonos de ponerle los frenos. Pero vaya, quién sabe, si Reynold Alexander desapareció el Capitolio, ¿podrá él, entonces, resolver esto?