Alerta ante la contaminación visual
por Nayda Ivette Pérez Román
“La belleza sin expresión es aburrida”
Ralph Waldo Emerson
Poeta estadounidense
En Puerto Rico se gastan 12 mil dólares cada tres meses, casi 50 mil dólares al año, en reponer las banderas de Puerto Rico y Estados Unidos que adornan el puente que cruza la Laguna San José, el famoso Teodoro Moscoso. Pero hay algo peor que un posible malgasto de fondos públicos. Se trata de la agresión que sufre el país y, claro está, la ciudadanía, cuando se violenta el paisaje y el potencial estético de la arquitectura urbana y las bellezas naturales.
Cuando algunos elementos son integrados a un paisaje sin que aporten nada al espacio público se advierte una situación de “contaminación visual”. Este es el caso del paseo de banderas en el Puente Teodoro Moscoso ubicado en San Juan, justo a la entrada del aeropuerto internacional. Según el arquitecto Jorge Rigau, “lo reiterativo de ellas no tiene ninguna razón de ser”.
El Gerente General de Autopistas de Puerto Rico (APR), Rafael Acosta, ideó decorar el Puente en febrero de 1998 para celebrar el primer “World’s Best 10k”, una carrera que conmemoraría el cuarto aniversario de la estructura. Pensó “que la mejor forma de adornarlo era colocando las banderas que normalmente están en Puerto Rico” y comenzó a experimentar con distintos tamaños hasta llegar al actual, 10 pies de ancho por 15 de largo.
Otras banderas llevan el nombre de auspiciadores comerciales de la competencia, American Airlines y Western Bank. Todas se reemplazan cuatro veces al año porque, cada tres meses, se deterioran a causa del ambiente. A sólo días para que se efectúe la décima edición de la carrera, el 24 de febrero, el viento se aburre de estropear la decoración.
Los ornamentos desechables se convirtieron permanentes sin que Acosta consultara la opinión de arquitectos u otros expertos en el tema. “Utilicé mi juicio. A veces es mejor pedir perdón que pedir permiso”, se justificó con LaJota en una entrevista telefónica. A juzgar por lo que comentan los conocedores, quizá sea la hora de pedir “perdón”.
RAZONES PARA UNA POLÉMICA
En el mundo existen polémicas respecto al nivel de la información visual aceptable tanto en carreteras como en otros espacios públicos. Rigau, un reconocido arquitecto y amigo de las artes, profesor hace trece años en la Universidad Politécnica de Puerto Rico, reconoce que el consumismo está fuera de control y considera “abusivo” el carácter repetitivo de la propaganda.
La publicidad sobreestima el impacto de los rótulos. Doscientos anuncios de Coca-Cola no harán la diferencia en una misma persona. La utilización de banderas en el puente Moscoso sufre de lo mismo. “Lo que molesta”, resumió Rigau, “no es su existencia, sino la demasía”. Los paisajes deben ser estimados como un bien colectivo, de forma que cualquier intromisión aporte de alguna manera al espacio público como espacio colectivo.



Toda ciudad cuenta con restricciones y leyes de planificación que regulan la exhibición de mensajes publicitarios. En nuestro país, según Ernesto Rodríguez, profesor de arquitectura de la Universidad de Puerto Rico (UPR), la publicidad no se pensó en términos de planificación o de imagen urbana, sólo se consideraron los términos económicos.
En los aeropuertos internacionales se acostumbra colocar las banderas de todos los países. En Puerto Rico sólo se exhiben dos. El gerente de Autopistas explicó a LaJota que, en el caso del Puente Moscoso, las banderas se instalaron sin tomar en consideración la proximidad del aeropuerto.
Por lo general, los sistemas de puentes en el extranjero son de por sí estéticamente interesantes por lo que usualmente no cuentan con adornos. El Puente Rio-Niteroi en Brasil, que conecta por encima de una bahía a la ciudad de Rio de Janeiro con la de Niteroi, es un buen ejemplo. Su diseño sencillo dialoga con el paisaje. El conductor puede habitar la bahía, estar en el espacio del agua y tener una vista de la costa. Rodríguez, quien hace visitas académicas con frecuencia a Brasil, percibe esa experiencia como “un espectáculo”.
En términos de propuesta paisajística y de secuencia urbana, el puente se convierte en un hito cuando el visitante lo divisa a lo lejos, se intriga y se interesa por llegar a él. Otros puentes que resaltan por sí solos, sin necesitar de adornos, gracias a su valor arquitectónico, son los diseñados por el catalán Santiago Calatrava.
Acosta, sin embargo, piensa que su creación es un éxito. El profesor de la UPR difiere. El impacto visual que puede producir el panorama del Teodoro Moscoso en conjunto con el estuario de la Laguna San José sería “maravilloso”, sostuvo Rodríguez. Con la realización de este puente elevado se perdió la oportunidad de una expresión arquitectónica y estructural de valor.
Es un hecho que las múltiples banderas estorban la percepción del espacio natural del agua. Al obstaculizarse la visión de la costa, que también ha sido obstruida por las edificaciones frente a las playas, la escena del área metropolitana luce mutilada. ¿Cuál será el destino de este debate en Puerto Rico?

Fotos: Noelia González Casiano,
Nayda Pérez Román
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