Tuve que buscar refuerzos. No se trataba de las librerías riopedrenses, del Boricua o cualquier tienda por departamento. Iba al ‘Mundo de los Condones’ y quien mejor que mi novio como excusa de un texto periodístico.
El atuendo fue fácil. Unos mahones cualquiera, la camisa adornada con la grabadora (que parece algún artefacto muy moderno que quizás vigila a los empleados), una libreta maltratada y lápiz que colgaba junto a ésta. Cosa que si me encontraba con la blogger Maleante de Cartón no tratara de explicarme el kama sutra, el funcionamiento de los juguetes ni las últimas películas que habían llegado al mercado, pues tan pronto abriera la puerta, si estaba de buen humor, empezaría a hablarme en un “tono confidencial pues nadie se tiene porque enterar” y nos obligaría, con sus cuentos, a gastar el cheque de la beca.
Los tres “hola cualquier cosita te puedo ayudar” rimaban con la música disco que inundaba la tienda. Mientras, la empleada organizaba la sección de “Love Passion” y el cajero concluía las explicaciones del “Love Swing”, el otro se acercó a nosotros. Claro nos mantuvimos en los primeros tres pasos de la tienda con el kama sutra lite de los aceites y gel corporales. “Mira pruébate este, este sabe melaza” dijo el cinco pies con cuatro pulgada, calvo y cuerpo de ropa pegada, zapatos puntiagudos y collar en el cuello. “Sin miedo chúpate el dedo que de seguro de aquí sales con algo”. Ya empecé a sentirme cómoda. Dos o tres risas, acentuar con la cabeza y continuó “bueno ya saben cualquier cosita a la orden”.
Ediciones pasadas de LaJota...
Continuamos el recorrido. Duré, lo más, media hora. Me cansé de los pétalos ficticios, los sabores almond-chocolate-berry algo inusuales en sus componentes químicos y de las posibilidades de comprar la reproducción del pene de Sam, la vagina de Betty o las otras tantas elecciones que abundan en el pasillo central de la tienda. Así que, por eso de gustarme la cinematografía, decidí continuar la flecha que decía “DVDS”.
Allí, sentado con poca luz, descubrí que otro nos acompañaba. “Para que entiendas, me decía mi novio, está divido por secciones: allá los gays, acá los transexuales y aquí al frente las latinas y, por supuesto, las brasileñas”. La mirada no aguanto más. Volvimos al comienzo de la tienda, con el aguaje de comprar inciensos y otra pareja entraba con prisa y ATH en mano: sabían lo que buscaban. Sólo preguntaron detalles y algo del precio con descuento. “Bueno, algunos son con baterías incluidas, depende del tamaño si es de dos o cuatro pulgadas” contestó el cajero.
Parece que tuvieron mejor suerte. Un recibo en el piso, bolsa marrón y entre risas se montaron en el carrito dos puertas que quizás sería testigo del desenlace.