Me niego a enterrar mis cds. No los voy a guardar en el closet con los viniles y 8-track de mi padre y los cassette de mi hermano. Nunca serán remplazados por los mp3. Creo que es posible que la supuesta crisis del medio sea una falacia, una Llorona, un espectro creado por los ejecutivos y vampiros de las casas disqueras. Estos estaban haciéndose ricos del talento de los músicos de los que se han hecho dueños a través de un sistema aparentemente anticuado de contratos, ventas de discos y giras mundiales.
Tal vez es un infantil sentimentalismo el cariño que le tengo a los discos, amor que se puede trazar desde sus comienzos. Primero, escuchando los cd’s de Los Beatles de mis padres que hacían más tolerables los largos viajes a visitar familiares en la Isla, luego cogiendo prestado mi primer disco de “punk” en la escuela intermedia para escuchar esos nuevos “ruidos” y ahora, ayunar cuando viajo para intentar completar mi colección de Lp’s de Sonic Youth (todavía en progreso) . Además, cada disco, el orden en que las canciones fueron grabadas, la carátula y hasta el tiempo en el que salieron son partes intrínsecas de una obra de arte: nunca va ser lo mismo conseguir una canción por descarga de la red que comprar el disco en la tienda.
Todas estas añoranzas no significan que no le veo lo atractivo al conseguir música de gratis. Las casas disqueras se rompen la cabeza intentando descifrar el misterio de la caída en ventas de discos desde el revolú que fue la demanda de músicos, como la banda Metallica, en contra de Napster. He leído montones de artículos en los que ofrecen una teoría incorpórea e inconmensurable: todos somos unos pillos por razón de un declive de la moral social, lo que es culpa exclusiva de los jóvenes y nuestro interés apresurado en alcanzar reconstruir las míticas ciudades de Sodoma y Gomorrah; en las que la piratería reina y el arte no vale nada. Propongo una nueva teoría, creada en los centros de mayor educación popular del siglo XXI y la generación X-Y-Z-lo-que-sea de esta Isla: los chinchorros, la bebelata casera y las tardes en la playa.
Primero, $18.99 es una cantidad obscena a pagar para un disco. Especialmente si sólo he escuchado una canción (si es que por alguna suerte divina el mono que escoge los vídeos que ponen de madrugada en MTV se ha enterado del artista y puso una canción en rotación). Ni hablar de la radio. Rock n’ roll radio is dead. Se nos hace un poco difícil gastar la paga de tres horas y media de trabajo en un disco, sabiendo que le estamos pagando el Lamborgini y la adicción a la coca a algún infeliz que ni conocemos. He adoptado la ley divina de pagar entre 10-15 billetes o esperar a que haya descuento (como se compra todo en esta país). Considerando que un libro de Dickens o de Gabo sale entre $7.00-$14.00 creo que estoy siendo justo. Sólo pago $18.99 si es la última opción, si es una de mis bandas favoritas o escuché el disco anteriormente y sé que le voy a dar pela, o por último, si es un clásico (cualquier disco de los Beatles que todavía no tenga, en mi caso).
Segundo, escoge tus favoritos y séles fiel. Cómprale los discos, que estos son obras de artes y al igual que las obras de tu autor o pintor preferido, los buenos artistas musicales y las canciones que te mueven te formarán y acompañarán. Y, aunque el dinero que pagues no les llegará al bolsillo, sí los mantendrá relevantes y así podrán seguir grabando.
Tercero, los discos son una buena decoración para un apartamento.
Cuarto, si es una banda o músico que sabes que no te gusta lo suficiente para soltar billetes por el disco, porque sabes que eventualmente te vas a hartar de escuchar “Umbrella” por la milésima vez: baja la canción sola o consigue el cd prestado y grábalo. Si esto suena contradictorio, es porque lo es; pero si lo piensas bien de seguro el artista preferiría que lo escuches de gratis si no le piensas comprar el disco como quiera.
Quinto, sugeriría que vayas a los conciertos ya que de ahí es que subsisten las bandas pequeñas, pero como nadie toca en Puerto Rico estamos jodidos en esa.
Sexto y último, los discos son sexy. Se los puedes prestar a la novia/o que estés estrenando esta semana y de seguro te lo agradecerá.
Son muchos los factores que causan los cambios en el arte de la música comercial, pero esas muchas posibilidades son el tema para otro trabajo más extenso. Por ahora les dejo con este resumen, protejan a los artistas que consideran talentosos y tal vez de esta forma se creará algún tipo de escala de calidad, algo que realmente necesitamos… hay mucho mediocre robándote el dinero.